Reúne a tus amigos para una noche diferente, porque un nuevo y glamuroso bar de piscina ha llegado a Liverpool Street, transportándote directamente a la Las Vegas retro.
Poolhouse no es el típico bar de billar: imagina una experiencia totalmente inmersiva en tu propia suite privada con billar para hasta 14 jugadores, con tecnología de vanguardia que reinventa el juego clásico, una elegante barra de 20 metros que sirve bebidas y mucha hospitalidad a la antigua usanza.

Si hay algo que puedes esperar de tu visita a Poolhouse, es adentrarte en un nuevo y deslumbrante mundo. El espacio ofrece 20 salas de juego privadas y semiprivadas repartidas en dos grandes plantas, con interiores que mezclan el encanto resplandeciente de las salas de billar de Las Vegas, el carácter de los moteles vintage y el ambiente de los bares de barrio, por lo que es posible que te olvides por completo de que estás en Londres.
Las suites de billar también integran discretamente nueva tecnología basada en IA sin alterar el ambiente íntimo y retro. Mediante proyección cenital, cada mesa cobra vida con juegos interactivos que registran cada tiro y se adaptan a medida que juegas, lo que facilita a los principiantes sumar puntos sin dejar de ser competitivo para los jugadores experimentados.

Aquí podrás jugar al billar como debe ser: con una copa en la mano. Acércate a la barra de 20 metros, el corazón de Poolhouse, donde se sirven cócteles refinados y con carácter. Dos especialidades que no te puedes perder: el brillante y chispeante Disco Pisco Sour y el Guinness Espresso Martini, elaborado con vodka Chase, Guinness, café y vainilla.
No tienes que preocuparte por los planes para cenar ni por pasar hambre a altas horas de la noche; la carta está pensada para partidas largas y sociales, con platos para compartir inspirados en sabores de todo el mundo.
Algunas de las opciones que puedes degustar entre rondas y partidas nocturnas: tacos crujientes, bao esponjosos, pizza al estilo neoyorquino y los emblemáticos rollitos de tempura de camarón y langosta. El postre no puede faltar: termina la noche con el imprescindible sándwich de helado de caramelo y miso.