Probablemente no te sorprenda que el London Eye sea la atracción turística de pago más popular del Reino Unido; con sus imponentes 135 metros de altura y sus vistas de 360 grados, tienes donde elegir a la hora de contemplar los lugares emblemáticos de la ciudad. Pero a veces las verdaderas joyas son aquellas que te obligan a fijarte un poco más.
A Londres le encantan sus rincones ocultos y sus esculturas con historia (un buen ejemplo son las «Siete Narices del Soho»), así que una curiosidad sana seguro que te dará sus frutos. La próxima vez que te subas a la cápsula, no te olvides de estar atento a estos lugares menos conocidos; y no olvides llevarte los prismáticos si de verdad quieres sacar el máximo partido a tu capacidad de observación, porque podrían resultarte muy útiles.
El obelisco centenario «La Aguja de Cleopatra»

Una vez que estés lo suficientemente alto por encima de las copas de los árboles, podrás ver este monumento centenario desde prácticamente cualquier punto durante tu recorrido de 30 minutos, pero tendrás una mejor vista durante el ascenso. Solo tienes que mirar hacia el noreste, río abajo por el Támesis, y deberías poder ver el obelisco que se eleva hacia el cielo, situado en el muro del terraplén.
Este espectacular monumento forma parte de un par, y el otro se encuentra ahora en Nueva York. Rescatadas de las ruinas de un antiguo templo de Alejandría, fueron un regalo diplomático del gobernante de Egipto en 1819 y presentan inscripciones de los faraones Tutmosis III y Ramsés II; este último utilizó dos de sus caras para conmemorar sus victorias militares —como uno de los faraones más poderosos de la historia, está claro que la modestia no formaba parte de su naturaleza—.
Los jardines ocultos en las azoteas del Queen Elizabeth Hall y del OWO
Una cosa que seguro que no puedes ver desde las calles de la ciudad es lo que hay arriba, en las numerosas azoteas londinenses que rozan las nubes. Ya no tienes por qué seguir preguntándotelo. Al menos, en el caso de algunas de ellas. Si miras directamente hacia abajo desde tu cápsula en South Bank, podrás deleitarte con el exuberante oasis del cercano Queen Elizabeth Hall. Este idílico jardín en la azotea abrió sus puertas en 2011 y, desde entonces, se ha convertido en un lugar muy popular para tomar el sol tranquilamente y disfrutar de unas vistas de la ciudad rodeadas de naturaleza. Desde el London Eye, podrás apreciar este remanso de verdor (que alberga más de 200 plantas silvestres autóctonas) en todo su esplendor frondoso y verde.
No es el único jardín del que puedes disfrutar a vista de pájaro. Durante el ascenso, una vez que te eleves por encima de los tejados, mira al otro lado del río hacia el Ministerio de Defensa y, justo detrás de este a la derecha, verás la exclusiva azotea de The OWO, también conocido como el Old War Office, donde Winston Churchill dirigió en su día las fuerzas armadas. Hoy en día, ese grandioso edificio de estilo barroco eduardiano es un hotel de lujo donde quizá veas a gente adinerada tomando cócteles entre una vegetación muy bien cuidada.
El emblemático edificio SIS

Cualquier fan de Bond probablemente ya conozca el siguiente lugar, ya que ha tenido un papel protagonista en varias películas de 007, con un momento especialmente dramático que acapara toda la atención en *Skyfall*. El edificio del SIS es, de hecho, la sede real del Servicio Secreto de Inteligencia, no solo en el mundo del cine, y puedes ver esta impresionante fortaleza durante el descenso en la noria. El arco descendente te ofrece una vista del río hacia la sede —no tan secreta—, lo que te permite contemplar la arquitectura fuertemente fortificada, al estilo de un zigurat, y preguntarte qué operaciones secretas se estarán llevando a cabo tras esas ventanas a prueba de bombas y esas terrazas en cascada.
Las terrazas del Teatro Nacional

Hablando de espiar… y de terrazas. A los amantes del teatro les interesará fijarse en las terrazas escalonadas del Teatro Nacional durante el ascenso. Ocultas a la vista de los peatones a pie de calle, son una oportunidad para admirar la arquitectura, casi al estilo Tetris, de las capas entrelazadas que surgen a diferentes niveles, dando lugar a una serie de rincones secretos bien escondidos.
A menudo hay instalaciones artísticas o eventos de verano aquí, lo que añade un toque de color a los exteriores de hormigón visto. Aquí es donde quizá te apetezca sacar los prismáticos; quién sabe, puede que incluso veas a un actor ensayando sus líneas y gesticulando hacia el cielo con aplomo dramático.
Dos castillos en uno

Vale, para esto necesitas un día bonito y despejado, buen ojo y el momento adecuado. Probablemente ya sabes que hay que fijarse en el Palacio de Buckingham, pero, según dicen, puedes ver dos residencias reales a la vez y divisar el Castillo de Windsor a lo lejos.
Se conoce como el«truco de los dos castillos»:esperas hasta llegar a la cima, miras hacia el oeste, cruzando el río, hacia la extensa zona verde de St. James Park, sigues esa línea hasta la fachada este del Palacio de Buckingham y luego miras directamente más allá, hacia el horizonte, para divisar las siluetas de las almenas y las torres del Castillo de Windsor. Así tacharás dos lugares emblemáticos de tu lista de visitas turísticas de un solo golpe.