Con tantos obstáculos que sortear, recorrer la ciudad en busca de una plaza de aparcamiento no es precisamente una actividad para los pusilánimes. Pero un obstáculo con el que no esperas toparte al intentar aparcar el coche es un trozo de muralla romana de casi 2.000 años de antigüedad. Sin embargo, en este aparcamiento londinense en concreto, eso es exactamente lo que te vas a encontrar.
Tras un cristal protector, y ocupando de forma permanente la plaza 52 del (muy acertadamente llamado) «London Wall Car Park», se encuentra un tramo de 11 metros de la antigua «Muralla de Londres». Es uno de los pocos segmentos que quedan de la muralla de 1800 años de antigüedad que solía rodear la capital, protegiendo la ciudad y a sus habitantes de posibles invasiones.
Este fragmento oculto de la historia de Londres permaneció escondido bajo las calles de la ciudad hasta que fue descubierto en 1957 durante unas obras viales y la construcción del propio aparcamiento. En el momento de su descubrimiento, este trozo de muralla romana medía la nada desdeñable cifra de 64 metros. Pero, en aras de conseguir más plazas de aparcamiento, se demolió la mayor parte; solo quedaron 11 metros de la antigua estructura para contar la historia.
El hecho de que este tramo de la muralla histórica esté oculto bajo tierra demuestra cómo ha subido el nivel natural de la calle con el paso de los años. Desde que se construyó la muralla (hace unos 1.800 años), el nivel de la calle se ha elevado unos cinco metros en algunos puntos, dejando los restos de la muralla enclavados bajo las concurridas calles y las bulliciosas aceras de arriba.
Si te apetece deleitarte con esta pieza de la historia de Londres, situada en un lugar bastante peculiar, ni siquiera necesitas un coche para visitarla. Se puede acceder al aparcamiento subterráneo a pie, lo que significa que cualquier londinense que no conduzca y quiera ver de cerca una muralla que se remonta a casi dos milenios tiene la oportunidad de hacerlo.